Un camino de prendizaje
ARTÍCULOS
LA BUSQUEDA DE LA VISIÓN 2005 (Emilio Fiel)
 

La 'Búsqueda de la Visión' en la Sierra del Moncayo (Sept 2005)

El retiro de la visión es siempre una experiencia fuerte. Cuatro días en
ayuno y sin bebida, a pleno sol (o a la intemperie con tormentas y heladas
en otros momentos del año), después de un Temazcalli y de una dura subida
por la ladera vertical de la montaña que siempre acaba ocupando un par de
horas de ascensión, resultan un trago intenso para el cuerpo y aún más para
la mente. Pero sus regalos son también asombrosos, y esta combinación de
hambre y sequedad, de sol y de tiempo eterno, que se desgrana perezosamente,
producen maravillas en la conciencia


 
 
Es una escuela rápida y eficaz para
aprender sobre el instante y la necesidad de no permitir que las emociones
personales y la angustia bajen de la cabeza al pecho o al vientre, donde
exigen una reacción instantánea. Allí practicas la vida en cámara lenta, te
dejas absorber por la naturaleza, respiras y respiras, encuentras soluciones
familiares, invocas, cantas... Inquietos y deseosos de que todo se acelere y
el sol se oculte o la noche termine, y al mismo tiempo tranquilos y
pacientes sabiendo que sólo queda el aliento y la paz interna como refugio.





Comienza la aventura
Primero un Temascal nada más llegar a Chrisgaia. Los encargados del fuego lo
han preparado con antelación. Tomamos una tisana de salvia al entrar y
frotamos nuestro cuerpo con ella. Ofrendamos el sudor para la conexión
interna durante la ceremonia de hamblecheyapi. Al terminar, después de
cerrar saludando de nuevo a los Vientos, tomamos un caldo de verduras
mineralizante y nos disponemos para partir hacia la montaña. El viaje es
largo y la subida por la ladera encrespada llena de espinos lo es más aún.
Especialmente porque se nos ha hecho noche cerrada. Hemos llegado a un
cortado que no conocemos y nos disponemos a encontrar cada uno nuestro
lugar. Acompaño a una comadre y subimos lentamente con las mochilas al
hombro. Aviso a los demás de que por esta parte de la ladera no hay ningún
lugar horizontal y menos aún grutas adecuadas. Y los demás se alejan hacia
la parte más oriental de la vertiente. Recojo una docena de grandes plumas
de buitre que abundan a lo largo del camino elegido. Así, después de hora y
media de subida y aliagas, me encuentro con una bella serpiente con bandas
amarillentas y marrones encima de una roca. Cojo con cuidado su cabeza
triangular y se la pongo encima a la comadre. Su dolor de estómago
desaparece al instante y le aseguro que con ese signo vamos a encontrar un
lugar especial. Agradezco su presencia a la serpiente y la dejo con cuidado.
Al poco rato veo unas piedras haciendo un pequeño muro y después de
desbrozar bastante nos encontramos con una especie de corral horizontal
amplio y con una gruta hermosa. Es sorprendente encontrar un chalet
semejante después de los sudores acumulados. Por delante a unos veinte
metros un buen precipicio acaba con mis ganas de seguir buscando. Meditamos
y dormimos los dos en la 'enorme' gruta. Se oye un 'ladrido' de zorro y pido
al Espíritu que me permita verlo en los próximos días como signo para
confirmar la aceptación de nuestra ofrenda a la Madre Tierra, Gaia Mah.

Al amanecer salgo en busca de un nuevo lugar y a unos cien metros de
distancia (volviendo porel cortado) preparo con las manos un espacio de dos
metros por menos de uno para poder extender la esterilla. Cuesta un poco
pero queda bien. Más tarde por el calor reinante (el sol pegaba durante más
de ocho horas) adecúo otro lugar a unos metros con un poco de sombra gracias
a los pinos y arbustos presentes. Finalmente trece metros de un estrecho
camino con veinte pasos para caminar (entre dos zonas preparadas para
meditar o tumbrase). Saludo a las direcciones, a los buitres omnipresentes,
a los cortados de roca, a los árboles, a las pocas nubes que sestean en el
cielo y especialmente al aire fresco que me acompaña como el mejor regalo de
este retiro. Me he propuesto trabajar en el ensueño y el elemento Aire es la
clave. Fuego y Tierra son mis elementos en el tonal, pero el vuelo y la
capacidad para traspasar la materia se hacen imprescindibles para la
conciencia onírica. Saludo al sol con el tambor y la flauta, canto unos
minutos y comienzo un cierto trabajo interno que voy sintiendo sobre la
marcha. Esta vez he vuelto a los mantras y he realizado bastante trabajo de
yoga físico. Mucha meditación además de largas horas de pranayamas
(respiraciones) y kriyas de kundalini. Un par de veces al día diez malas
(rosarios de 108 cuentas) respirando por el canal central, arriba y abajo,
Om namah Shivay, Om Shakti namah...

Desde el principio de la experiencia siento un verdadero placer al respirar
aire fresco. Una sensación que me estremece por dentro a lo largo de los
cuatro días. A atardecer una bandada de sesenta buitres realizan una
asombrosa danza que se extiende por más de dos horas hasta los últimos rayos
del sol. Sus movimientos son fascinantes y boca arriba crean un estado de
semitrance en el espectador. La temperatura y la ausencia de mosquitos
ayudan a la inmovilidad y a la observación permanente. Cada noche, cantando
con el tambor, despido a nuestra estrella Tonatiú cuando se esconde tras la
montaña. Más tarde el desfile celeste resulta aún más mágico si cabe y estas
noches sin luna han sido de una intensidad extraordinaria, con su lento
movimiento y su increíble brillo. Casi al amanecer (estoy orientado al
suroeste) el cielo se llena con un espectáculo grandioso que tiene a las
Pléyades a la derecha, en el centro a Orión y a la izquierda el intenso
brillo de Sirius. Por encima de él el llamado 'exágono de invierno'
compuesto por el propio Sirio, Rigel, Aldebarán, Capella, Procyón y los
hermanos Cástor y Polux. Entremedio se acercan abundantes mariposas, alguna
lagartija, varios pájaros curiosos de diversos tipos, un par de halcones,
algún aguilucho, un sin fin de insectos (que por otro lado no molestan
mucho, con la ayuda de una buena pluma de buitre que me sirve de abanico) y
el viernes tarde veo finalmente al zorro en la ladera opuesta de la montaña,
corriendo entre encinas. Bendiciones.



El hambre no se nota, la sed si. La boca se queda pegajosa después de cantar
un rato, y a veces hay que masticar alguna hoja minúscula de tomillo para
recuperar la saliva. Sin tregua entran ganas de orinar un par de veces al
día, y poco a poco el color se va haciendo más intenso. Pero como otras
veces las necesidades mayores quedan en suspenso a lo largo de todo el
retiro. Después de la primera noche va siendo más difícil dormir y los
continuos despertares y ensueños se multiplican. Hasta que el sábado llega
ya el climax y la noche parece durar por si sola varias semana. Mucho sol
que obliga a refugiarse detrás de algún arbusto. El viernes de madrugada
siento un enorme calor que me obliga a salir del saco y desnudarme para
recibir al frío en los huesos. Lanzo con fuerza el Intento de que al día
siguiente haya aire fresco, que aparezcan las nubes y que llueva en esas
tierras en cuanto nos marchemos. Y, como siempre sorprendentemente, se
cumple. Por cinco veces me veo cara a cara con un buitre a un par de metros,
una de ellas su cabeza está tan cerca que parece dar marcha atras en su
vuelo del susto que se pega, que nos pegamos. Alrededor de los silenciosos
buitres con ese característico sonido que hacen al cortar el viento (como
una pluma que se mueve rápida delante de nosotros) se posicionan los
ruidosos grajos, todo el tiempo armando bronca tanto solos como en bandada.
El sábado pude observar las imágenes que se iban creando en los lejanos
cirros de color blanco intenso y en esas nubes rasgadas por el viento que
tantas imágenes producen.

Ensoñaciones
Mi principal Intento se refiere al ensueño consciente. Y realmente he
quedado satisfecho y hasta saciado. Puedo recordar seis ensoñaciones
importantes de las que intentaré compartir con vosotros tres de ellas. Y
sobre todo recordar que por primera vez en la vida he podido entrar en el
ensueño con los ojos abiertos, contemplando un cierto paisaje natural con
los ojos cruzados. Si que a lo largo del tiempo he tenido un puñado de
visiones a través de la contemplación, pero nunca había entrado en un sueño
sin perder el recuerdo corpóreo y manteniendo la lucidez de manera
constante.

1- Estoy caminando por una cueva oscura y las rocas con formas humanas me
saludan alegremente al pasar. Me doy cuenta de que estoy soñando y lo
compruebo atravesándolas como he hecho tantas veces. Todo se abre y aparece
un lugar inmenso como un pueblo alternativo y hay muchas gentes conocidas,
aunque algunos parecen antiguos y con extrañas vestimentas. Comprendo que
son personas que han trabajado internamente conmigo en uno u otro momento de
sus vidas. Veo una docena de caras conocidas y sabiendo que todos pueden
oirme aún sin levantar la voz, planteo que es hora de hacer algo imposible
con tan magnífica energía. Algo que nunca se haya hecho y todos tenemos que
generarlo. Siento una intensa emoción. Así que les pido que enciendan su
cuerpo luminoso. Pero mientras comienzo a ver muchos colores, de repente
surge una enorme sombra monstruosa encima de las cabezas de la gente. Siento
el peligro de esta sombra generada por la luz, de este rechazo generado por
la atracción, de esta esclavitud generada por la libertad conquistada, y en
un primer instante ofrezco resistencia a esa especie de tiburón blanco (por
sus dientes) en un cuerpo muy raro, como de alien y cocodrilo a la vez.
Enseguida me doy cuenta que pierdo el hilo del ensueño y seinto que tengo
que entregarme en una especie de sacrificio. Así que me lanzo a su enorme
boca diciéndole: 'si me quieres, pues allá voy'. Y se produce mucho ruido,
un intenso sonido interno como de mar bravío, hasta que me veo delante de
una especie de Dakini o Diosa que me invita a acompañarla como premio por
haber aceptado al mal o la muerte. Me gusta la idea, pero recuerdo lo que
tanto me ha costado aprender dentro del sueño consciente y es que nunca debo
entregar mi poder a un ser arquetípico porque todo el ensueño soy Yo. Así
que me quedo inmóvil y de un bocado me la trago. Entonces avanzo en la
dirección hacia donde ella quería llevarme pero dirigiendo mi propio vuelo.
La impresión es que el escenario vuelve a cambiar pero no recuerdo lo que
sigue. Simplemente al final estoy mostrando a un grupo de unas veinte
personas cercanas como podemos volar y ascender en sueños con el poder del
Intento. Llamo a tres de ellas con extraños nombres estelares aunque conozco
su nombre ordinario. Vamos en fila, agarrados de hilos luminosos. Siento
mucha vibración celular y juntos visitamos una tierra árida en la que vamos
creando fuentes con distintos colores. Creo que es la sensación de
satisfacción la me hace entrar de nuevo en el sueño ordinario...


2- Me concentro con los ojos cruzados en un lugar de árboles a unos treinta
o cuarenta metros de distancia. Estoy sentado en postura de meditación un
tanto distendida. He estado practicando con el Túnel de la frente pero no he
conseguido nada. Me sitúo detrás de la nuca como un Testigo. Y me llega una
gran modorra, aunque intento mantener los ojos entrecerrados. De repente
siento el viento y me vuelve a entrar esa sensación de placer que os
comentaba anteriormente. Y me siento como un buitre, planeando suavemente.
Veo los rostros de mis compañeros y son buitres, pero los distingo bien.
Aquí parece que me pierdo un poco. Pero de repente choco contra una barrera
de energía o algo semejante que me vuelve a poner alerta. Estoy participando
en un ritual tantrika y en el momento más intenso del abrazo vuelvo a
perderme. Es una lucha entre dos personas y esas visiones normalmente me
alteran el pulso. Y otra vez me despisto. Soy consciente de que tengo que
mantenerme presente pero de manera impersonal, no implicarme en gustos y
disgustos. En cuanto me complico con atracciones y rechazos vuelvo a roncar.
No se si es el mismo sueño pero me veo hablando con un amigo. Lo miro a los
ojos y me doy cuenta que es Aurobindo (otro de los participantes en el
retiro también tuvo una visión con él, aunque no lo conocía de nada). Para
mi representa al llamado Yo Superior y su presencia siempre me hace sentir
una gran paz. Me pregunta por lo que estoy haciendo y le explico que tenemos
una semana de trabajo intenso. Tres días con diez horas de trabajo de
Kundalini, tres días de trabajo meditativo y silencioso y dos días de ritual
tántrico en parejas. Se ríe y me señala hacia una gente que está en lo alto
de la montaña (en unas grutas que parecen artificiales y con un altar cada
una de ellas. Veo en la primera un lingam, luego un Buda, otra está vacía y
en la siguiente a Shiva nataraja). Parecen hacer también una búsqueda de la
visión y me dice: 'la próxima vez tendrás que visitarlos cada día'. Y cuando
le pregunto que quiere que hagamos parece disolverse mientras escucho dos
veces claro y conciso Om namah Shivaya, Om Shakti namaha. Luego me meto en
un lío bastante confuso con las estrellas...

3- Es de noche bien cerrada y las estrellas brillan exultantes. Antes de que
comience la ensoñación estoy reflexionando sobre el consejo Senoi de dar
placer a la pareja cuando te encuentras en una relación amorosa en sueños. Y
comprendo que lo que quieren decir es que no pueden centrarte en tu
autosatisfacción ni en tu temor o perderás la lucidez. Pero si te centras en
el otro (compartiendo lo que tienes, encontrando respuesta para una
necesidad tribal, o llevándole al placer) entonces puedes seguir adelante
sin perder el hilo. Y más que ensoñar comienzo a pensar en este asunto de
que cada vez que quieres darte placer a ti mismo (con comida, sexo, dinero,
poder, fama, etc) pierdes la perspectiva y acabas con la magia. Así me voy
adormeciendo con una fantasía un poco tribal, bailes, una hoguera, agua
abundante...
Me siento empujado en una pelea de gallitos de ambos sexos y no me agrada la
situación. De repente comienzan a pelear volando como en Tigre y Dragón y
me doy cuenta de que estoy soñando. Pero la pelea continúa y no me siento
con ganas de intervenir de ninguna manera. Quiero salir de allí y me acuerdo
que de pequeño si juntaba las manos en un gesto de oración, cerrando los
ojos, y luego toco con ellas el pecho soy capaz de cambiar de sueño. Me veo
en una montaña muy alta con un paisaje maravilloso. Pero salgo de una para
meterme en otra. De repente no se cómo me encuentro involucrado en una
especie de alud y la tierra me ahoga, me oprime el pecho, y no puedo
respirar. Recupero totalmente la conciencia lúcida y no dejo que crezca la
angustia que comienzo a sentir. Sé que puedo atravesar la materia y respirar
con mi cuerpo luminoso y que la tierra no me puede aprisionar. Nado o floto
por el interior de la montaña y siento el cosquilleo de las rocas en cada
célula del cuerpo. Vuelo libremente y me siento feliz. Parece que mi
capacidad torácica no tiene fin y vuelvo a percibir el placer de respirar
aire fresco. Voy a visitar a tres conocidos y uno de ellos está acompañado
por su pareja y veo muchos colores en la energía que los rodea. Recuerdo uno
de mis lugares de poder en Urbasa que suelo visitar a menudo en sueños y
descanso allí como si fuera mi casa y me estuviera esperando. Canto un par
de veces y me pierdo. Al cabo de un rato abro los ojos y vuelvo a ver las
estrellas. Allí está Orión a mi izquierda avanzando lentamente para permitir
la entrada de Sirio, aún oculto por la montaña. Estoy cansado y no tengo
ganas de más aventuras. Pero la sensación es rara y vuelvo a darme cuenta
que aún estoy bajo los efectos de la segunda atención. Entonces sucede algo
sorprendente. Estoy con la pareja de Martes y Trece haciendo una especie de
juego (sin espectadores) en el que debemos demostrar que llevamos una vida
normal aún no teniendo brazos ninguno de nosotros. La situación es grotesca
y hemos inventado (o inventamos sobre la marcha) un montón de artilugios
para sacarnos los pantalones, abrir la cama, etc. Le pido al moreno que me
quite la camiseta (lo hace con los dientes) y luego cuando me toca el turno
hago lo mismo con las tres camisetas juntas que lleva puestas. En ese
momento me entra una carcajada irresistible y ya no puedo salir de ahí hasta
que me despierto, con la plena conciencia de que mi retiro ha terminado
(aunque aún falten horas para salir de allí).

Como he dicho ya la última noche resulta eterna. Relajada y serena pero
tanto que nada se mueve y aún cuesta cambiar de postura. Durante las nueve
semanas y media que dura la nochecita me levanto cinco veces a meditar.
Mantras, cuerpo luminoso, silencio, escucha... Verdaderamente tengo tiempo
para despedirme de todo y boca arriba, hablo con las estrellas, y con la
familia estelar. Si algo aprende uno en esta experiencia (como en su opuesto
activo, la carrera de maratón) es que nunca hay que entregarse, siempre
alerta al aliento y sin dejarse ni desesperar ni desfallecer. Todo es mente
y hay que tenerla bien amueblada para estos casos. Así que a comenzar de
nuevo hasta que pase otro rato. El amanecer es precioso y de nuevo ese nivel
de neblinas azuladas de las montañas lejanas, el vuelo casi religioso de los
buitres y las grajillas del mercado marujeando por allí. Se escuchan las
ráfagas de viento por el cambio de temperatura. Y el sol ilumina las zonas
que están enfrente que van avanzando sin tregua. Doy el grito de la guerra
florida y comienza la bajada. Difícil como siempre y sobre todo por las
piernas flojas. Hay compañeros muy lejos (en la parte oriental de la
sierra), pero poco a poco todos van apareciendo. Una mareada, otro buscando
piscina. Entre bromas y agradecimientos, sin hablar de la experiencia
todavía, cerramos a los Cuatro Vientos y tomamos rumbo a Chrisgaia. En el
camino que es largo preparamos una bebida mineralizante para tomarla todos
juntos de manera ritual. Y ya en Chrisgaia kéfir de agua, salvia y otro
intenso Temazcalli preparado de nuevo por los guardianes del fuego. Al
terminar es hora de despedirse. Allí es donde el Círculo de la Palabra
permite expresar dignamente las experiencias y cerrar ceremonialmente el
camino que comenzamos cuatro días antes. Ah! que ensalada más rica y que
arrocito de verduras nos prepararon los caseros... Aunque a decir verdad los
invitados no estábamos para muchas exigencias, no pudimos menos que
agradecer el cariño recibido...

Un abrazo y no se olviden de dialogar con los Cuatro Elementos en cualquier
momento de su vida...
¡Sean felices y tengan muchas aventuras en su Camino de retorno al Ser que
Yo Soy!

Miyo